domingo, 15 de mayo de 2011

CRUCERO POR EL AMOR Y LA MUERTE




NOVELA COLECTIVA DEL GRUPO RELATOPÍA



Después de meses de trabajo y buenos ratos, ve la luz la novela colectiva
  CRUCERO POR EL AMOR Y LA MUERTE

En los próximos días tendrá lugar la presentación pública de la que pasaré detallada información. De momento aquí tenéis la prueba fehaciente de que existe, se puede leer y se puede comprar...  


Crucero por el Amor y la Muerte




Podéis leerla en el link que figura más abajo.





 


Como os tenía anunciado, el día 23 de marzo tuvo lugar la presentación de nuestra novela colectiva.
Un acto significativo para nosotros porque, aparte de cumplir las expectativas que nos habíamos fijado, resultó un encuentro muy gratificante con todos los que nos han seguido a lo largo de nuestra larga andadura y quisieron acercarse a la Biblioteca Fuencarral. 
 Hubo alegría, buen humor, gran concurrencia de público y hasta un pequeño brindis por el comienzo de una feliz singladura. Los viajeros del  "corredor de los corazones solitarios " vivirán, ya para siempre, con las experiencias acumuladas durante su estancia en el misterioso barco llamado ÍTACA y las aventuras que les acontecieron en su recorrido por las bellas ciudades bañadas por el Mediterráneo. 



PRESENTACIÓN







domingo, 8 de mayo de 2011

LECTURA PÚBLICA RELATOS DE PRIMAVERA

       
            El dia 6 de mayo celebramos la “Lectura Pública de Relatos de Primavera”. En ella quisimos ofrecer lo mejor de nosotros mismos aunque, teniendo en cuenta nuestra progresión meteórica, es posible que el año próximo la cosecha sea todavía mejor. 
            Tenemos que agradecer la asistencia del numeroso público que no faltó a la cita y contribuyó a nuestro clamoroso éxito.

             Aquí ofrecemos algunos de los momentos de la lectura de relatos.


        

   El grupo al completo saludando al final del acto.

Como testimonio vivo de nuestro trabajo, vio la luz el tercer número de la Revista RELATOPÍA, en la que se recogen los relatos leídos y algunos más.

sábado, 26 de febrero de 2011

PÁJAROS NOCTURNOS


            Nueva York, años cuarenta. A las dos de la madrugada Nick lleva ya seis horas embutido en su chaquetilla y gorro blancos. Trabaja en el bar Phillies de la calle 32,  que hace esquina al callejón. La noche esta siendo tranquila, ningún altercado de noctámbulos, ningún atraco, ningún sobresalto de redada.
 Durante las primeras horas de su turno de trabajo el bar bulle de gente que toma la última copa antes de volver a sus casas. A partir de la una de la madrugada los clientes, en su mayoría hombres,  se empiezan a asomar al abismo de su soledad y buscan en la noche afilada de luces de neón, una mirada, un soplo de humanidad, el aliento de cualquier borracho, una mujer…  No son propiamente solitarios, es simplemente gente que está o se siente sola.  Aquella noche las calles de esa parte de la ciudad han volcado su carga de insomnes en cines, bares y clubs de alterne. Una lluvia imprevista ha despejado las aceras y las luces de los anuncios de establecimientos abiertos cobran el protagonismo de estrellas del cinematógrafo. El silencio y la soledad del exterior hacen dirigir las miradas hacia el interior de los bares que permanecen abiertos.
            En el otro lado de la misma realidad  Nick atiende a tres clientes. Presume de saber algo, todo o casi todo de los habituales de la madrugada. Sentado en el taburete del mostrador, de espaldas al ventanal que da a la calle 32, un hombre toma un whisky. La luz del interior hace resaltar la copa de su sombrero.  Nick le ha saludado sin dar importancia al hecho de verlo entrar una noche más y le ha servido la bebida sin hacer preguntas innecesarias. Sabe de él lo suficiente: se llama Roth, es detective privado y padece de insomnio.  Frecuenta el bar un par de veces por semana y siempre con un objetivo más o menos profesional. La suela de sus zapatos está demasiado gastada de patear la ciudad y su nombre ha aparecido en cierta ocasión en un periódico sensacionalista  relacionado con la resolución de un caso de contrabando y chantaje. Nick ha desistido hace tiempo de querer saber algo sobre su vida personal porque, a lo largo de los tres años que lleva sirviéndole whiskys, jamás mostró la confianza suficiente como para hablar de lo que le destruye interiormente y que Nick ha sabido por otro canal.  Únicamente se muestra locuaz si alguien esta dispuesto a intercambiar impresiones sobre combates de boxeo o carreras de caballos.
            Pero esa noche no parece la más apropiada para intercambiar nada. En el mostrador que corre a lo largo del ventanal que ilumina el callejón se acomoda una pareja, un hombre y una mujer. Han entrado por separado, pero Nick sabe que, aunque proceden de diferentes puntos de la ciudad, lo hacen como medida de seguridad.
            Nick  ha reconocido a la mujer por la melena platino y el vestido, siempre de  color rojo.  Es vocalista de un mediocre cabaret situado unas cuantas calles más hacia el oeste, uno de esos que acoge a personajes de la noche y los escupe a las dos de la madrugada, esa hora canalla en la que  empiezan las grandes transacciones, el juego millonario, las apuestas y  las acciones más viles.
            Después de un rutinario intercambio de saludos se confiesa hambrienta y pide un sandwich de pavo, queso y mostaza.
            El hombre que en ese momento la acompaña: traje, corbata y sombrero de ala caída sobre la frente, es el lugarteniente de uno de los jefes del hampa de un barrio marginal. Ha pedido dos cervezas con el aire de quien controla perfectamente cualquier situación. Nick está seguro de que algún día le tocará ser  testigo de algún suceso luctuoso porque la rubia es  la chica del jefe y aquellas citas clandestinas  tarde o temprano explotan como obuses. Lo ha visto mil veces en las películas.
            A Nick le sorprende el hecho de que el detective haya llegado esa noche más tarde de lo habitual y que no pierda detalle de los movimientos de la pareja, aunque aparente indiferencia. También llama su atención el nerviosismo de la rubia cuando ve pasear la acera en la semisombra que producen  las luces del bar, a un hombre con aire ensimismado que mira con detenimiento hacia el interior. El lugarteniente se apresura a tranquilizarla con un cariñoso apretón en el antebrazo y Nick cree oir: “tranquila, nena, todo va bien”.  El detective, al que se le supone ojo de halcón y percepción de felino, hace un guiño a Nick, que quiere ser de complicidad y le pide su segundo whisky,  al tiempo que rompe el mutismo que le ha acompañado toda la noche.

            –Ya ves Nick, no soy el único que transita con sigilo  la noche neoyorquina. Esta ciudad está llena de gentes con insomnio. Mi pregunta es si ese hombre, aprovechando su vigilia,  no está siguiendo los pasos de alguien. A mí me complicaría mucho las cosas si así fuera. Esta comedia no admite más personajes. Por favor, mira con disimulo y dime si todavía está  ahí fuera.
            –Señor Roth, no sólo sigue ahí fuera sino que está tomando notas en una libreta.  Pero…  le está fallando su fino olfato, este hombre no representa ningún peligro. Viene por aquí de vez en cuando. Es pintor, se llama Edward Hopper. Suele llamar a la gente que frecuenta la noche “pájaros nocturnos”.
            –Puede que tenga razón. Acudimos a la luz blanquecina de los locales  para protegernos de la oscuridad exterior.
            –Pero esta noche parece que solo le interesaran los cuatro pájaros que habitamos el nido de Phillies.
            El pintor se afana en su libreta de bocetos. Emborrona el título del apunte al carbón que acaba de hacer del interior del bar. Tacha “ Pájaros nocturnos”. Le parece que se presta al doble sentido. En su lugar escribe  “Rapaces nocturnas”. Tampoco, demasiado agresivo. Al fin parece haber dado con el título que andaba buscando: “Aves nocturnas”. Si, es más conciliador, evoca otro tipo de imágenes.  Añade:  Nueva York, 1942.

           

sábado, 19 de febrero de 2011

PARA CUANDO TU VENGAS

Para cuando tu vengas,
las nieves se habrán ido,
de las charcas heladas
se habrá roto el cristal.
Vendrán las golondrinas
a beber del rocío.
En abril, cuando nazcas
el sol sonreirá
olerá a hierbabuena
a rosas y a romero
y a niña amada.
En la ermita de Hoyo
tocarán las campanas
y alegres las cigüeñas
cantarán una nana.
Por la noche las hadas
te traerán las estrellas,
brillarán los luceros
y entre los berrocales
se reirán los ciervos.
Ven tranquila mi niña
Que yo te espero.
                           
                                                            Isabel Celma

domingo, 6 de febrero de 2011

EL CORREDOR DE LA MUERTE

            Eres el único culpable de lo que te está sucediendo. Palabras muy duras para provenir de tu propia madre. Las escuchaste en su primera y única visita que hizo a la prisión donde te encuentras condenado a muerte. De eso hace catorce años y han pasado muchas cosas. Siete veces has recibido una carta con la fecha de tu ejecución,  que después siempre ha sido aplazada.
            Ahora, hace apenas una semana, un compañero de una celda próxima ha sido ejecutado.         
            Billy mató a un policía federal. Un crimen  que fue suficientemente probado y del que Billy nunca se arrepintió.  Ha saldado su cuenta con la sociedad. Cada vez que esto ocurre parece que el orden se restablece, pero a ti te afectó particularmente. Habías compartido con él todos los  momentos en que se te permitía estar con seres humanos. Su madre y su hermana  han prometido visitarte desde que supieron que no tenías a  nadie que te fuera a ver.
            Poco se sabe de cómo ocurren las cosas en ese mundo tan hermético, por eso te extrañó que uno de los celadores te contara los últimos momentos de Billy, aunque fuera sucintamente. Estos pobres funcionarios tienen tanta herrumbre encima que quizá pensara en mortificarte dándote materia en qué pensar para cuando te llegue la próxima carta. O puede que estuviese descargando de tanto horror su maltratada conciencia.
            Se llevaron a Billy a las seis de la mañana. Se oyeron cerrojos y luego  grilletes arrastrándose hacia la puerta del fondo del pasillo donde están alineadas las celdas. Billy, a última hora, sufrió un ataque de miedo y ansiedad. No quiso nada de lo que se le ofrecía: ni perdón a manos del sacerdote, ni últimas palabras, ni último deseo. Se orinó, defecó y vomitó bilis. Murió con los ojos abiertos. Su madre y su hermana pudieron ver todo a través  de una cristalera.
En cuanto a ti, te sigue mortificando el que las pruebas de ADN  pusieran  de manifiesto que tú eras realmente el padre biológico de la niña, aun cuando esta circunstancia no cambiara la situación respecto a tu sentencia. Tampoco sirvió tu arrepentimiento por haber apuñalado a aquella mujer blanca y acto seguido al marido, que apareció inopinadamente en escena. ¿Es cierto que lo hiciste con ensañamiento? Parece que sí. En el juicio, ninguno de los miembros del jurado creyó ni una sola de tus palabras. Culpable, por unanimidad.
            Ahora, cuando aquella niña ya es una adolescente, ha decidido que quiere conocerte. A ti, pobre diablo destruido por el peso de la vida. Parece, según te ha contado tu abogado, que se debate entre el miedo a conocer la verdad sobre su madre y lo que pueda descubrir de labios de su asesino, que ahora sabe que es su verdadero padre. El nombre de Samuel Thomson empieza a representar algo para ella, cosa que no había sucedido hasta ahora.
            Tienes 47 años, el pelo totalmente encanecido, la piel cenicienta  y la decrepitud acechando para darte el zarpazo. A lo máximo que puedes aspirar es a que alguien te mire a la cara y no te escupa. Tendrás que esperar que tu hija no olvide lo que parece su firme propósito. Os estáis necesitando mutuamente, para explicar, para escuchar.
 Ayer ha cambiado el gobernador del estado y siempre que esto ocurre hay novedades con respecto a los indeseables. No sé en qué medida esto puede afectarte. Pase lo que pase, tú tendrás que seguir asistiendo al desplegable de tu vida. En el último rincón de tu atormentada alma puede que todavía  esté agazapada la esperanza.

   Publicado en Ediciones Irreverentes (www.edicionesirreverentes.com) "Antología del relato negro III"

                                                                  www.edicionesirreverentes.com